João Sebastián Aldecoa – La calma, la ausencia

Cierra la puerta, soñadora del alba,
entréganos la llave
para quedarnos a conocer
el martirio.

Abrázanos, abrázanos
como canción que arrulla
en la mortaja.

Deja volar el polvo
de tus ángeles caídos,
danos un día más
para caer al fondo
hasta abrir los ojos
sin arrepentirnos.

black & white

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João Sebastián Aldecoa – La oscura costumbre de vivir

Cuál será el demonio
en este juego sangriento
que viene para atravesar los ojos
con las mañanas del fuego.

Quiero el sueño,
descansar sobre el abismo de la hoja
que nace,
no la fuerza de la oscura costumbre
de vivir.

Traía las esperanzas
como ofrenda a un pájaro que ya no canta,
pero el dios que trae la muerte
degolló también la única felicidad.

Aquí está,
queda el árbol de la vida
abriendo sus brazos
para sostener nuestras cabezas
y escupir el fruto prohibido
que nos dio nuestra condena.

João Sebastián Aldecoa – Disonancias

Hurgo en la herida del olvido
para encontrar mi nombre y no me encuentro.
Queda esperar pero hace frío,
llueve siempre aquí adentro,
siempre gotas amargas.

Quizá mañana abran las puertas del cielo
y caigas allá, lejos del horror,
trayendo la espiga que doblega la espalda de dios
y hace mortal a la sonrisa, eterna la agonía.

Entonces, ¡desgárranos!
Quita este velo de existencia que no es más que bruma,
dolor, sueños que nunca vienen
sino en las lágrimas de lo que no seremos.

Lo dijo ella:
«¡Tanta vida Señor!
¿Para qué tanta vida?»

Sophie LéCuyer

João Sebastián Aldecoa – Agosto

Agosto,
han crecido las raíces de la injuria,
desde adentro, muy adentro
se han sembrado los despojos
de los que no sueñan
y el río, agua vertical en el espejo,
baila eternamente, quita la piel a los que tienen frío,
devorador de almas.

Pasaban todos,
perdían,
qué juego doloroso
trae la luz al abrir la puerta.
Como un niño tímido entre los resquicios
sólo observo, sólo espero.

Es agosto,
el viento calla pero llueve mucho,
¿dónde están?
Es agosto,
la maldición está pactada,
¿qué flores pondrán sobre nuestro silencio?

João Sebastián Aldecoa – La señal

Más allá de todo lo que vive ahí
afuera,
lo que persiste y se pudre,
lo que resiste,
estoy
yo.

Yo, inacabado, esperando
la señal para volver,
abrazar.

Como bestia desbocada,
un animal herido contra la vida misma
reclamando el sol,
perdiendo esta palabra,
sumido al tiempo,
el que me ve, el que me va…

¡A dónde irás, maldita noche!
Yo quiero ver llover
sin ver la lluvia,
tenerlo todo
acariciar,
surgir,
pero sin el dolor,
quítame el dolor de las afueras,
este de adentro,
el crujido vivo.
Trae la calma, la señal del beso,
trae a mi madre
que me dé el silencio,
ella que es dueña
de mi
primera lágrima.

Khalil Chishtee

João Sebastián Aldecoa – Un silencio distinto

Sólo  quise  abrazar  un  silencio  distinto,
acaso  el  cuerpo  de  una  llama  imponente
en  la  que  se  consumen  las  plegarias
de  quienes  no  abrazamos  la  dicha
en  aquel  sol  que  otra  vez  despierta.

Casi fuimos,  el  amor  es  un  beso  volátil,
por eso nunca  besé  hondamente,  para  que
el silencio cantara distinto,  más  allá,
superando los cuerpos, dejándome,
como un poema abandonado en  sus  manos
donde  las  caricias  tienen  sed,
se  van  muriendo.

¿A dónde  vamos?  He  preguntado.
¿A dónde  iremos  con  tanto  latir
si  me  va  doliendo  el  alma  en  un  llorar
sin  lágrimas,  miserables?
Serán dos  luces  apagadas,
la  luz  ha  sido  suficiente.

Cómo duele  la  luz,  cómo  duele  ver,
yo  quise  ser  tierra  pisoteada  y  sin  ojos,
pero  fui  menos  que  eso,
siempre  fui  el  faro  que  presenció  las  tormentas,
en  mí  murieron  todos,
en  mí  la  memoria  ha  eternizado  la  sangre.

sarah charlesworth stills - Google Search

João Sebastián Aldecoa – Contra el horizonte

Guarda entre tus manos mis lágrimas,
resguarda los mares que me anegan
en la paz de tus olvidos,
ahí donde no entraré sino hasta entonces,
ahí hasta el día contra el horizonte.

Ah, ¿qué podría salir mal?
Sentir el corazón partido, latidos o canciones
que caen poco a poco y no oirán nunca,
el soñar de los que amamos para odiar,
convertidos en una alegría perpetua
como una herida indolora, ¡hasta el final!

La consumación de nuestros destinos
será contra la palabra, el cielo tiene que llorar contigo,
porque yo seré toda la tristeza que me guardes,
seré esa flor que nunca cortaste
para no arrebatar la vida, pero yo, tan vivo,
iré allí donde se va por haber vivido…

Tener-Cultura: Paisajes urbanos de Kai Ziehl

João Sebastián Aldecoa – Una muerte

A Germán

Ha muerto el poeta…
No. Miento, ¡lo mataron!
Lo mató el olvido, el asco de esta tierra
que jamás le abrió las puertas
pero lo sembró en la tumba.

Ya llorarán, ya vendrá la noche a recordarlo.
Sé que fue ayer cuando la hoja,
todavía viva, abandonó el árbol.

Lo mató el olvido,
o el amor de los hijos de dios
que no aman nada;
o el temor que lo arrojó a esta hoguera
donde calcinan los sueños
de los que apenas nacen para siempre.

Ha muerto el poeta
y no lo llora nadie, ¡pero lo mataron!
Un disparo de frío le atravesó el aliento,
porque todo cae, cae…

Nunca nuestras miserables vidas
lograrán calmar el fuego,
pero más vale que no te olvide.
Más valdrá que en la memoria fulgure
la sonrisa todavía,
que por la rabia mi voz tenga la fuerza
parar burlarme de los santos,
como aquella vez, amigo,
sombra cansada, niño de memorias
que habitaban en las manos.

Senza Titolo • Luciano Casagranda, photographer

João Sebastián Aldecoa – 02 Febrero 2015

Mira que no puedo soportar lo que me has dado a llevar, mira, madre mía, que pago por cada palabra que pienso, que digo, que escribo. Sufro cuanta cosa es mía y no, sangro por los gritos de la noche, ruego por los niños que se mueren en mis manos, por las almas que sucumben cuando callo. Oh, ¿quién compadeciera esta mortificación sin nombre? ¿Quién fuera sensible a esta súplica sin voz? Madre, lo entenderás luego, lo verás y comprenderás… serás testigo de un florecimiento tardío. No es lo primero que me das, no eres la única flor que ha nacido en mis manos para morir en mis labios…

Galería: Oscar Gustave Rejlander | Oscar en Fotos